Como integrantes de ALAEE y testigos de la realidad contemporánea, nos es necesario expresar en este editorial algunos pensamientos que nos resultan ineludibles.
La historia del ser humano ha marcado una sucesión, casi sin discontinuidades, de abusos, violencia, transgresiones, etc., de unos seres humanos a otros. Esto, que supuestamente el avance de la civilización debiera propender a evitar, no solo no ha desaparecido, sino que en algunos casos se ha visto aumentado. Es con estupor, rechazo, angustia e impotencia que muchas veces nos encontramos observando estas realidades.
Sin embargo, no consideramos que una postura contemplativa de la realidad ayude en alguna manera a nadie.
Ante esta convicción, un camino de acción poderoso y fructífero es la educación y la estimulación, hermanas en la formación del ser humano.
Entendemos la educación, no como la mera trasmisión de cultura o conocimiento, sino como la manera de lograr el máximo desarrollo de las capacidades del ser humano. Como tal, se presenta como el único medio para la formación de seres humanos con la habilidad de construir un mundo con valores más elevados que los que actualmente son comunes.
Este proceso, entorpecido por el entorno socioeconómico de gran cantidad de personas, en particular en nuestra América, no debe ser bajo ningún concepto dejado de lado, sino fortalecido e impulsado, recordando en todo momento la sensibilidad.
En este camino es que nuestra Asociación los convoca a difundir el mensaje, y a ponerlo en práctica cada día. Por nuestra parte intentamos dejar nuestro humilde aporte.